La acera

Sentado en una acera, veía como pasaba la vida, veía su casa, la observaba detenidamente, recordaba tantas cosas al vez, que su cabeza parecía una olla llena de crispetas apunto de sacar volando la tapa. Tenia una sonrisa en su cara, sus ojos se humedecían cada vez mas, a la vez q su cabeza se llenaba de recuerdos cada vez más profundos, mas cercanos, mas ciertos. Un día, sentado en esa acera, vio un niño haciendo lo mismo del otro lado de la calle; por primera vez en su vida sintió deseo de pararse y pasar aquella calle por la cual pasaban cosas tan rápidas, que de pronto no podrían atropellarlo al igual q un carro, pero si podrían hacerle llegar a sentir su mayor miedo; entonces con un impulso q provenía de su interior, se paró, paso a la otra acera, y se acerco a aquel niño; y detenidamente vio su mirada encontrada con el suelo q lo sostenía, así, se sentó a su lado, y sin mirarlo a la cara le hizo una pregunta: ¿ por qué estas tan solo acá sentado en esta acera?, el niño de una manera muy obvia respondió y le dijo: estuve esperando esto por muchos años, para q algún día dejes de vivir de tus recuerdos y botes esa botella q tienes en la mano, q te consume; y papá; ya no soy un niño, tengo 30 años y llevo haciendo esto desde q tengo memoria, y lo seguiré haciendo, porque tal vez, de alguna manera sea igual a ti, de pronto no llenando de licor mi cabeza pero si arruinándola por creer q estas vivo.

Mi amigo Jairo Martinez