Como todas las historias y cuentos empiezan, así mismo esta tendrá un comienzo pero esta historia no tendrá fin… no porque el comienzo fue igual que las demás historias sino porque en esta historia el engaño del final es solo el comienzo de la historia pero con diferente engaño.
Ya que estas interesado en lo que lees quiero aprovechar solo el momento para pedirte un par segundos de tu mente. Piensa en ti; en el recuerdo más remoto que tienes guardado. No pienses en el recuerdo de alguna foto, que te crea el recuerdo de algo sin recordar, piensa en aquel momento… el momento que solo tu, nadie más sabe, jamás lo has compartido con nadie. Probablemente hasta hoy lo empezaras a compartir contigo. Pensaste? Bueno, ahora si podemos comenzar… ten muy presente aquel recuerdo pues quizá este sea la una cosa que te salve del final de este cuento.
Esta es la historia de una mujer llamada Agua. Agua, un ser hermoso y cristalino vivía del mundo y del mundo de todo un poco ella conocía. Era un día caluroso y húmedo, nadie en los portales de sus casas. Era un día típico en el pueblo, único pueblo de una isla, el pueblo se llama Memorias, la isla no recuerdo. En los días de sol como aquel, los veinte habitantes del pueblo corrían para la única playa de la isla a refrescarse y disfrutar del agua. Sal tenían esas aguas marinas que acariciaban la arena de las playas de Memorias, sin embargo la gente disfrutaba del agua salada y del refrescante sentimiento del roce del mar. Memorias era un pueblo pequeño, igual era la isla, la persona mas joven era una mujer, era Agua. El pueblo consistía de veinte casas, cada casa con una persona, incluyendo la casa de Agua. Cada persona conocía muy bien a la otra ya que parecía una eternidad que se conocían y nadie sabe con certeza desde que día se conocían, solo la isla y Memorias podría revelarles por el tiempo. Cada persona en cada casa tenía una puerta y una ventana, por la puerta se salía y por la ventana se miraba para salir. Agua era la única sin ventana. Aquel día de calor, Agua había ido a la playa pero no era por su propia voluntad, era gracias a su mejor amigo, un hombre llamado Carlos. Ese día Carlos se había despertado con las piernas y brazos pegados del calor y respirando un aire denso, y enseguida pensó en Agua. El primer pensamiento del día fue llevar consigo Agua al mar y disfrutar de su refrescante presencia. Así lo hizo, después de su buen desayuno salio disparado hacia la casa de Agua. Carlos es un personaje muy importante en esta historia, Carlos es la única persona del pueblo que conoce a Agua. Carlos ha disfrutado de la fresca presencia de ella y de su penetrante silencio. Nadie en Memorias ha oído hablar de nuestra Agua ni de su casa sin ventanas. Siguiendo con aquel día, Carlos recogiendo a Agua se fue para la playa, allí jugo con ella, le hablo de sus problemas y de sus alegrías y disfrutaron juntos como suelen hacerlo. Por la noche Agua fue escoltada de vuelta a la casa y Carlos de un beso despidiéndose a su casa se fue a descansar de la larga aventura.
Por la noche esta isla de nosotros es algo diferente, es algo así como si todo alrededor fuera isla, la isla fuera mar. No entendiste verdad?… no te preocupes, ya verás. Cuando el sol cae la gente de Memorias duerme, descansan sus cuerpos pero sus Memorias salen a vivir. Sí, salen a vivir, con las estrellas y la luna Memorias es bella, llena de música, de canciones, de sentimientos, de paz. Memorias ya no son veinte casas con puertas y ventanas, son muchas y muchas casas, quizás tantas que no las puedo enumerar. Aquella noche era noche de fiesta, pues había llegado al pueblo la hija de don Miguel. Miguel era un viejo gordo, buena vida, personaje de Memorias gracias a sus riquezas físicas y sus propiedades, pero más que todo por su hermosa hija. Ella era una mujer perfecta, con piel del color de la mas pura miel, su piel hacia contraste con sus ojos, ojos verde mar, color del agua de Memorias. El cabello casi rubio ondulado se descolgaba por un esbelto cuerpo de Eva, invocando pecado en los ojos masculinos de Memorias. Ella, era motivo de fiesta. Porque? Te preguntaras… no por su belleza física, sino por los recuerdos que con ella se traían. Don Miguel dio un gran discurso al pueblo, la mitad del pueblo no puso atención, cuando terminó, su hija dijo unas palabras:
Mi pueblo de Memorias, esta noche celebraos mi regreso, después de mi largo y extenúo viaje no me quedan palabras para agradecer, solo recuerdos por recordar, Memorias por revivir.
Con esas palabras, hizo que todo Memorias llorara de la alegría, que bebieran hasta el amanecer, que el tiempo dejara de existir.
Saliendo el sol al otro día Carlos se despertó al sonido de las olas del Mar. Con un ojo medio abierto salio por la puerta de su casa y tomo aire fresco. En su cabeza preguntándose que tal noche abría pasado Agua. En aquella isla extraña la cual esta en tu imaginación en este momento, pasan cosas raras, cosas difíciles de comprender. El tiempo en Memorias no pasa en segundos, el tiempo en Memorias no pasa. Ya te dije, tranquilo… acuérdate del comienzo de la historia. Carlos desayunó de nuevo y fue en busca de Agua, adicto por su presencia toco en la puerta. La primera vez nadie le contesto, esperó…, toco de nuevo y nadie le contestó, por fín Agua abrió la puerta, Carlos dijo: Agua te ves como si hubieses estado en fiesta toda la noche! Ella no respondió. Carlos entro a la casa y la casa era casi tres veces mas pequeña de lo que parecía, con solo una cama y una silla, allí vivía Agua. Carlos salio con Agua de la casa y se fueron a su lugar favorito, al mar. Agua nunca hablo, jamás dijo una sola palabra de camino al mar, Carlos no paro de hablar, casi parecía como si nadie estuviera con él. La gente del pueblo veía a Carlos levantarse todos los días y salir para la playa, solo. La señora María, habitante de Memorias desde el principio del principio, se preocupaba por Carlos, siempre decía que a ese muchacho algún día el Agua lo iba a matar. María estaba en sus cincuentas, una señora muy querida y quizá la única persona la cual Carlos le había dirigido la palabra en el pasado. Ese día como todos los demás Carlos se le vio volver y entrar a su casa, al caer la noche.
La hija de don Miguel, se llamaba Juana, todos le decían Juanita de cariño. Juanita ya en sus veintes, también prisionera de sus sentimientos, moría de amor por un hombre, hombre al cual buscaba eternamente en sus viajes… el hombre que la hacia vivir. Juana aquella noche llegaba como todas las noches de su viaje. La gente de Memorias sabia que la siguiente noche seria la misma historia sin embargo todas las noches las palabras eran con el mismo sentimiento y la fiesta era igual cargada de emoción. Juana después de sus palabras, hablaba con los habitantes de Memorias y les contaba lo que había escuchado en el viaje, a cada uno le contaba lo que le correspondía y así todas las noches. Al día siguiente Carlos despertó… y tu sabes lo que hizo, y a donde fue y con quien. Esta historia no tiene fin pero sus personajes si. Agua eres tú, siempre viviendo en tu pequeña casa sin ventanas para mirar afuera y esperando a que la vida te venga a buscar. Carlos es tu vida, el diario vivir, o de pronto Carlos es el motivo de tu vida, el cual te saca de aquella casa y te lleva al mar, puede que Carlos sea el sueño de tu vida o el amor de Juana….eso solo lo sabes tu. María es aquel recuerdo que te dije que pensaras, si María, no Agua, la única persona que Carlos a hablado aparte de tí. María es producto de Carlos, y está en tí. Don Miguel es la persona en “Carlos” que quisieras que no fuera el padre de Juanita, Juanita son tus Memorias, ella es la que mantiene vivo a Carlos, sin ella Carlos jamás buscaría a Agua porque tú, Agua, eres lo que mantiene a Juana llegando a Memorias todas las noches y manteniendo viva la fiesta. Memorias es el pueblo de tu vida donde te levantas y sabes que la noche va a llegar. Acuérdate de María así pareciera que no la conoces sino por medio de Carlos, pues ella vive en tí… piensa en tu más remoto recuerdo otra vez…. Piensa que ese es tu valioso tesoro y que nadie te lo puede quitar, no lo compartas, acuérdate que solo viven veinte en Memorias y que tus memorias viven allí, y cuando vuelvas a la playa… háblale a Carlos, dile que lo amas y que ojala algún día tú, él y María puedan soñar juntos para que esa noche Juana y la gente no dejen de disfrutar.
Rocko