News for October 2007

El mono verde

- Ja ja ja ja, se reía el mono, era un mono verde del color de los ojos del mar.

-Por qué te ríes mono?, le pregunté.

Él me respondió con más risa. Depronto mire a mi alrededor y vi todo blanco, no existía nada, nada existía. Solo el mono y yo, yo y el mono. Finalmente el mono paro de reír, y de repente se puso a llorar… entonces le pregunte:

-Por qué lloras?, no hubo respuesta, pero de repente el blanco se volvió multicolor, estábamos en la mitad de un mundo increíble, un mundo diferente al de ambos.

Allí todo parecía tan muerto que las lagrimas se empezaron a derramar. Empezó a llover pureza en el rostro de la muerte como si la muerte tuviera rostro. Estábamos ahí girando en aquel moridero, quizá el moridero girando en nosotros. Vi armas, fuego, violencia, gris, negro, rojo, verde, tanques, jets, etc..

- Donde estamos?, le pregunte al mono.

El mono volvió a reír, – ja ja ja ja.

Estoy perdiendo mis sentidos y mi cabeza, depronto mi ser, pensé. Todo giraba, las nauseas se apoderaban de mi pecho y la sangre fluía en mi cerebro, escuchaba el palpitar de mi corazón en mis oídos, podía saborear mi sudor. El mono verde de risa, empezó a llorar otra vez. Blanco… blanco otra vez. En aquel momento entendí al mono, en aquel momento sentí que el mono era yo, unas veces triste otras veces feliz. Entonces como si el mono leyera la mente, dejo de llorar y reír y me dijo:

- Tu no eres como yo, ni yo soy como tu, pero ambos vemos lo mismo.

Ahora si que empeoró mi situación, ahora si que perdí mi cabeza. El mono habla, el mono habló. Pero si me asusto ahora que el mono habla, ¿Para que le preguntaba cosas si pensaba que no me iba a responder?. Me calme …

Hablamos un rato de mono a mono y él me contó el sentido de lo que giraba a nuestro alrededor y el sentido de su dolor y alegrías. Resulta ser que este mono verde era parte de un circo y vivía encadenado a su destino. Sin embargo era libre de ver las cosas del circo en que vivimos. Él dijo que en sus viajes infernales, cual Dante, vio muchas bestias y las respetó, aprendió como los monos son humanos, son bestias. Ríen de la realidad y lloran por nada.

Si tan solo todos fuéramos menos monos y menos verdes, depronto algún día viviríamos en un mundo distinto donde ni los monos ni los verdes dictan el vivir de las masas, donde los sentimientos viven sueltos en bacanales de vida y armados de valor acabáramos con todos aquellos monos que en el proceso de ser humanos nos ahogan en su mar de lagrimas desperdiciadas en la nada.

Rocko

Posted: October 20th, 2007
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En coma

Entre rayos y truenos aquí estoy sentado en el inodoro del tiempo tratando de sacarme estas palabras, tratando de vivir. Es como mirar al revés. Como ver a la gente hablar del pasado y ver en sus caras un aire de resignación, de pobreza. Una pobreza triste que lo único que provoca es lástima y uno que otro pensamiento, hasta una sonrisa. Hace ya un tiempo que no escribo nada, casi como si una coma tomara riendas de mi vida y de repente sentir el hablar de tu familia, o a lo mejor el llorar de tu amor, suplicando que vuelvas en si. Volviendo en si, es bello, es vivir esa milésima de segundo desde esas sabanas blancas, ver a todos los que te quieren, depronto a otros que no te quieren tanto, pero la importancia recae en el hecho de ver. Es como una fotografía que en realidad tomó menos de un segundo para aquel que esta en ella pero una eternidad para el artista, yo soy el artista. Es en ese momento que vives, vives lleno, plenamente, sin enredos ni estupideces. Y el momento pasa… todo negro otra vez. En la oscuridad de esta noche no sabes si eres o estas o depronto no eres, nose. En todo caso he ahí donde vivía ese caballero, un personaje oscuro, diría yo, tranquilo. Este personaje me acuerda a mi padre, quizás mi madre, quizás ninguno. Él vino hacia mí como un tren que viaja a la velocidad de la luz, casi como una cachetada de tu madre o depronto de tu padre. Él me hablo del futuro y de las similitudes entre la vida y la muerte, en cómo la muerte es incertidumbre para todos aquellos que no saben vivir. Cómo la vida es incertidumbre para aquellos que les falta vivir. Este caballero sin caballo, tenia una espada, depronto un símbolo de poder o de aventura, quizás no. Díjose que la espada era para combatir al caballo, porque caballero con caballo es como caballero sin espada. En fin no dijo mucho, cual caballero. Volví a vivir por otro instante, otra vez la misma escena, pero esta vez yo también estaba ahí, mirándome… con una duda eterna, como aquel que mira a su primogénito nacer. Estaba ahí mirándome en coma. Por un instante parecía que abría los ojos, parecía vivir. Había hecho muchas cosas aquel; salido adelante, mejorado su sentir, superado sus errores. Sin embargo en coma estaba, todavía… como si el tiro del revolver del tiempo se hubiera puesto en la misión de distorsionar el mañana. Oscuridad de nuevo. Esta ves escuche música, rodeado de enanitos verdes y calamares sentí fuerzas, como cuando un niño aprende a caminar, pero si tan solo supiéramos que gatear es mejor. Vi en aquella inmensidad negra mis dudas y preguntas, ninguna de ellas vistas con el mínimo deseo de morir, todo lo contrario. Todas juntas me mantienen en el coma, congelado en el espacio interior de mi ser. Profundamente inerte, pero sin ninguna herida, herido pero de vida y con ganas de seguir. ¿Que hacer?, si tan solo recordara el porque aprendí a caminar, ¿Qué instinto llenó mis piernas de valor? Al verme preocupado, el caballero enseguida atendió, le pregunté:

¿Es usted capaz de responder las preguntas?, él dijo:

Solo un idiota como yo respondería a preguntas sin respuestas, le pregunté:

¿Entonces que preguntas tienen respuestas?, él dijo:

Si las respuestas pudiesen ser respondidas, como cuando preguntas por ellas, entonces viviras en este coma toda tu vida.

Se fue, y seguí dudando…

Rocko

Posted: October 15th, 2007
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Hacer con la vida… lo mejor posible

Cinco y cuarenta y dos minutos de la mañana de un lunes oscuro y sin esperanzas. Trágica escena para un joven de 21 años que aun tiene todo por vivir. El gélido frio de la madrugada genera corrientes de aire al adherirse con el cálido y espeso humor que embriaga las cobijas de la cama. Son las cinco y cuarenta y ocho minutos y una voz fuerte domina el pensamiento de aquel joven que sin opción alguna termina bajo la ducha del baño recibiendo pequeñas gotas de agua. No es la vida que alguien quiere tener, no es la vida que alguien ha deseado, no es la vida que él quiere vivir.

Los huevos sobre la mesa, el café y el pan al lado de los huevos y una señora con el pelo enjabonado grita “Ya está listo el desayuno, apúrele que se le va a infriar”. Es lunes y, con este comentario pareciera que fuera cualquier día de la semana, siempre sucede lo mismo, siempre es igual.

En la calle, la interminable bola de humo arrebata cualquier mezcla costosa contenida en un tarro fino y elegante. Es inevitable oler; a carro; a calle; a mugre; a ciudad. El día sigue oscuro y los rayos de luz solar no aparecen.

Es así como a las seis y diez de la mañana este joven de 21 años decide optar por una sabia decisión para una situación como esta. Lanzar su cuerpo a pocos metros del andén para genera un cambio súbito y vertiginoso al ritmo de su vida. Los camiones pasan, la maquina mezcladora portátil de cemento aumenta la velocidad de su movimiento al ser acelerada por un hombre gordo y grande que usa casco y camisa a cuadros. Una chicha, en bikini, observa desde el balcón de su apartamento aquel acto heroico.

Fue por amor, él sabía que el punto máximo de visibilidad para un balcón ubicado en el cuarto piso, era a pocos metros del andén y era exactamente allí en donde tenía que ubicar su cuerpo para ser observado por esta chica quien hacia mover su corazón un poco más rápido el lunes en la mañana.

Eran dos seres completamente diferentes, ellos no lo sabían, en ocasiones les comentaban y decían que eran hermanos, que se parecían mucho, que ya entendían por qué era que estaban juntos. Así vivían, así compartían desde lo más intimo hasta la más público y social. El fin de semana que terminaba con el lunes, había sido desastroso para aquella pareja. Las diferencias los ponían en conflicto, todo el tiempo se decían el uno al otro: es que si tú tan solo me entendieras, es que si tú te dieras cuenta de lo que yo necesito, es que si tú entendieras que yo no te quiero, es que si tú supieras lo que a mí me gusta… Y cuando no discutían por sus diferencias discutían por lo que habían dejado de hacer: antes me llamabas todos los días, antes saludabas a mis papas, antes me dabas más besos y abrazos, antes me dedicabas más tiempo y atención, antes salíamos a rumbear mas, ayer estabas más cariñoso… Hasta que algún de los dos reventaba el cáliz de la paciencia y gritaba: estoy mamado de que me jodas la vida, estoy mamado de que me lleves a donde no quiero ir, estoy mamado de tus reproches, ya no me aguanto más tu cantaleta, en qué momento decidí meterme con alguien como tú.

Las situaciones era caótica, al parecer no había solución. La noche del domingo termino con una pelea, que ya no era solo por los las diferencias y reclamos, sino por los gritos y empujones.

En casa, este joven se debatía entre los pensamientos y sentimientos, entre la película romántica que veía su primo y el solitario andar de las hormigas que arrastraban la comida en la cocina. No era fácil habitar el cuerpo, la angustia desbordaba la piel y generaba movimientos fuertes que resultaban en calor. ¿La llamo? Pero si la llamo, ¿qué le digo?, que me llame, que me busque. ¿Y yo?, ¿que hago mientras tanto?. Es que si tan solo fuera más seria, comprensiva, paciente…La situación sería más fácil, no tendríamos que discutir si ella cambiara.

La imposibilidad de verse a sí mismo a contra luz era su dificultad, tampoco sabía cómo hacerlo pero ahí estaba el problema y la solución, él solo conocía su rostro.

Al compartir su intimidad la situación se torno diferente, todo el tiempo se iluminaban sus opuestos, sus situaciones inconclusas, los personajes malvados, heridos y maltratados de sus sueños convivían con él y su novia. Es como si pasara de un yo agresivo a otro yo amoroso sin entender.

A las once y treinta y siete minutos de la noche del domingo una pulsión en su tórax le decía que tenía que morir, que era el momento de volver a empezar.

Fue así como parado a pocos metros del andén en el que decidió detener el tráfico, para generar un tumulto de carros, volquetas, buces repletos de seres humanos, mezcladoras móviles de cemento y hasta un camión cargado de caña que generaban sonidos despavoridos, gritos amenazantes, bocinas enardecidas, se calentaba la sangre de aquel joven de 21 años; que se había bañado con gotas de agua fría el lunes en la mañana. Fue inevitable contener el llanto, el niño que llevaba adentro lloraba fuertemente derrotado en el sucio asfalto de la ciudad diciendo que era él, que no culparan a nadie, que solo en él estaba la posibilidad de cambiar; el tiempo paro… Aun así, cientos de pasajeros que corrían contra la velocidad de sus relojes les parecía absurdo que un joven hiciera un comentario a estas horas de la mañana y que ellos no tenían que alcahuetear el consumo desmesurado de alucinógenos de está juventud. Aquellos que gritaban en sus mentes habían dejado de vivir, cientos de personas que presenciaban esté actor heroico estaban paralizadas, algunos habían logrado percibir un sentimientos que se desplazaban con la fuerza de la suavidad y que llegaba a su tórax, esté les decía que era el momento de morir y volver a empezar, que era lunes, que era otro día, que la mañana era gris, y que la pelea había sido ayer.

Mi amigo Francisco Marín

Posted: October 1st, 2007
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