Aquella noche me acosté cansado tratando de soñar con cosas buenas, alegres quizá.
El tiempo pasé mirando el blanco pálido del techo de mi habitación, cuando una idea atravesó mi frente, fue algo así como una flecha que entró por mi frente y salio por detrás, quitándome la vida.
Entonces me asomé a ver debajo de mi cama y vi a un hombre sentando, cual mendigo en una tarde de invierno y sin ningún abrigo. Él estaba en la pata izquierda que quedaba pegada a la pared, entre la cama y la pared. Al ver a este hombre deje caer el cubre lecho y me devolví a la posición como dormía, todavía tratando de digerir lo que había acabado de ver. Pasaron unos minutos…
- sí, hay un hombre debajo de mi cama
Me dije. Inmediatamente salté de la cama, me arrojé al piso y metí mi cabeza debajo de la cama.
Ahí estaba, el hombre aquel, no había cambiado de posición. Estaba blanco, no respiraba, era como si el frió se hubiese comido su alma. Le grité:
- ¡Señor! ¿Esta bien?
No hubo respuesta. Al ver que no se movía me metí más debajo de la cama y ya no solo veía al hombre en la esquina, sino veía cómo la esquina no hacia ni siquiera parte de mi cama.
Me entró un sentimiento extraño, cómo cuando uno se mete debajo de una cama, no lo puedo explicar, en todo caso sentí como si ya no estuviera debajo de nada, entonces me di cuenta que estaba yo tirado en el piso de una calle oscura como si estuviera mirando debajo de algo enfocándome en aquel hombre.
Me levanté. Sintiendo un poco de locura y desquicie pero con sangre fría, caminé hacia el hombre. Estaba muerto. Lo toqué. Sí, estaba muerto. Trate de no asustarme y le di la espalda, deje de mirar.
En ese instante sentí una mano caliente tocar mi hombro derecho, y como si supiera lo que iba a pasar deseé con toda mi alma que de alguna forma apareciera mi cama.
Sin pensarlo más, me volteé y la vi.
Yo ya sabiendo en las que me había metido solo espera que apareciera mi Virgilio pero no fue así, me encontré con La Oscura; el principio de mi viaje. Raramente, sentí paz, tranquilidad, sosiego, algo que nunca pensé sentir; por eso no se puede pensar en sentir, pero sentir para pensar. Ella me explicó la muerte de este hombre, me dijo que estaba frió por dentro, que la vida lo congeló. Ella me dijo que teníamos que hablar, me preguntó, por qué le temía y lo mismo los demás.
Le expliqué del dolor que se siente, ella dijo:
- ¿Pero cómo puedes saberlo si nunca lo has sentido?
Yo dije:
- Yo no tengo miedo, no es nada personal.
Empezamos a meternos en las fauces de mi infierno y a hablar… A veces la gente es fría contigo, fría con los demás, fría con ellos mismos, es por eso que se congelan.
- Ayer fui al continente oscuro y rescate gente a la azar, sentían un dolor horrible en el estomago; yo se que lo sentían. Más adelante fui por los desiertos y recogí más gente, ellos peleaban por estupideces, en todo caso sentían dolor, los recogí. Tengo lastima de no recoger muchos más, pero no les ha llegado el dolor al corazón, algún día los recogeré.
Me dijo que el mundo estaba loco y que las gentes vivían del dinero y de la trampa, yo le dije que si. Me dijo que él nunca me congelaría como aquel hombre, que mantuviera mi cuerpo en llamas, en fuego infernal, de esta forma cuestionara el diario vivir. Me dijo que todo lo malo no es malo sino que el “bueno” dice que es malo para hacerse más bueno. Le dije que si.
Pasado algún rato La Oscura hablaba y hablaba y yo tan confundido como estaba, la veía pero ya no la escuchaba, entonces divagué.
Fue como si mi cuerpo lo desdoblaran y saliera del caparazón. Entonces me vi, ahí parado, hablando con la oscura, y el hombre recostado atrás. Me sentía mejor, me sentía como si hubiera burlado a la muerte. En paralelo con aquel sentimiento sentí el frió, el frío del piso toco mi quijada y mis pies desnudos tocaron el mismo piso con la punta de los dedos.
Me traté de levantar y me pegué con la cama. Miré por última vez, y vi a los tres en la misma posición entonces extrañamente me resbale de debajo de la cama y me metí debajo de las cobijas otra vez.
Me desperté al poco tiempo porque había tenido una pesadilla, no me acuerdo de que. Me pare de mi cama abrí los ojos y vi al hombre que había visto debajo de mi cama otra vez, esta vez parado en frente mió, él dijo:
- Ya somos dos, anoche has dejado tu cuerpo con el mió, te has congelado y hoy estas en alma conmigo.
Respiré dos veces, con pánico en mis ojos, él dijo de nuevo:
- No te preocupes todo es mejor aquí, ya no hay muerte, ahora te toca a ti esperar que alguien más vea debajo de la cama, esta vez serás tu en la esquina congelado, y muy pronto, en menos de lo que piensas, alguien saldrá de esas cobijas como lo has hecho tu. Entonces le dirás lo mismo que te he dicho yo, y así por cosa de otros mundos nacerás cuando salgas del cuarto, nacerás en un mundo mejor.
Rocko