Sentado en el suelo de mi posada me quede aturdido mirándole los ojos a Soledad. Ella me miro fijamente y yo igual a ella. Al parpadear de sus ojos ella me paralizó. Entonces igual a un fantasma ella se levanto del suelo, despacio y con un aire ténebre. Yo, un poco asustado, sin saber que se le ocurriría a Soledad esta vez, traté de moverme. Todos mis esfuerzos fueron en vano. Ella se desplazó hacia mi, lentamente, flotando… entrando en mi aura y dándome un frío infernal. Intenté gritar, no pude.
Rara vez veía a Soledad con la cara que hoy tienes.
Entonces como si yo pesara menos que una pluma, especialmente encontrándome sentado como indio, Soledad me levantó con su mirada. Suspendido en el aire, la habitación se tornó más oscura que antes. Vi las caras amigas de Soledad, el miedo empezó a apoderarse de mi, se empezó a apoderar de mi alma. En aquel instante sentí la presión de todo un océano en mi cuerpo y perdí la respiración. Sin embargo, la vista era clara, veía a Soledad y por alguna loca razón no me era posible parpadear. Sentí el aire afanado saliendo de mi cuerpo, las gotas de oxigeno evaporarse con el momento. Mire a soledad… sabia sus intenciones… era muy tarde para reaccionar. Cedí.
Entonces mi cuerpo ya no era mío… y mi alma era yo. La presión se fue pero el agua no. Habiendo visto mi ego y sus amigos partir con mis ojos abiertos, perdí de vista a Soledad. Tratando de moverme, cómo para salir del trance, moví mi cabeza. Estaba de vuelta en el suelo. Me levante a mitad de cuerpo y me volví a sentar como indio. Mire alrededor y no vi más que paredes blancas. Silencio agotador, ensordecedor. Por causa de la voz del silencio escuché el brotar del agua. Como consecuencia presentí la presión venir de nuevo pero, ¿Donde esta soledad? , me pregunté. Entonces miré al borde de la pared más blanca y más cercana de mi, y como sangre en guerra, mis paredes empezaron a sangrar agua. Vi el llover de las paredes, el agua cristalina se deslizaba hasta el techo y en el techo se perdía. Hipnotizado por tan bello acontecimiento vi a Soledad salir de la pared. Excitado por compartir con alguien aquel fenómeno, trate de llamarle la atención. Ella me ignoro como siempre.
Soledad caminó alrededor del cuarto pasando sus dedos entre el agua de las paredes y mirándome. Sentí miedo otra vez. La mire de nuevo a los ojos y sin movimiento me dejo otra vez. La vi acercase a mi con cara de yo no fui. Puso su cara sobre la mía. Nos miramos… Entrándose por mi boca sentí su fría piel… no se cómo pasó. La sentí adentro de mi, un sentimiento que ya era común.
Me dije a mi mismo que lo que acababa de suceder era un sueño, me prometí no mencionarlo a nadie. Irónicamente, todos los días bailamos el mismo tango y ella sigue haciendo llorar mis paredes. Crónicamente, a veces siento que el sueño soy yo. La parte que no comparto, es cuando ella me habla, esa parte me la guardo para mi. Suele ser la parte donde la presión desaparece y el caer del agua. Me la guardo para evitar… para evitar visitas al psicólogo.
Rocko